Patrimonio cultural
Intervenir en lo que ya tiene historia.
Proyecto y dirijo obras en edificios catalogados y en entornos declarados bien de interés cultural o bien de relevancia local, casi siempre para municipios pequeños con un patrimonio de primer nivel y unos recursos que no lo son. Devolver esos edificios a la vida, y devolvérselos a la gente.
El encargo
Poner en valor lo que el tiempo ha castigado
Trabajo en obras situadas en espacios protegidos y en edificios catalogados con categoría de monumento, así como en intervenciones dentro de entornos declarados bien de interés cultural, los BIC, o bien de relevancia local, los BRL. No se trata solo de conservar el edificio: se trata de ponerlo en valor dentro de la población a la que pertenece.
Municipios pequeños, patrimonio grande
La mayor parte de estos encargos llega de municipios pequeños que custodian un patrimonio cultural de un nivel notable, con edificios muy castigados por el paso del tiempo. Son poblaciones donde el bien protegido lleva décadas cerrado o degradándose, y donde la decisión de intervenir es tanto técnica como política.
Una nueva vida, y casi siempre pública
Esos edificios recobran una nueva vida, generalmente destinada a uso público: bibliotecas, centros sociales, espacios culturales. Ahí es donde la labor del arquitecto adquiere una dimensión social, porque no se está recuperando únicamente una fábrica antigua, sino los valores culturales de una localidad y un lugar donde sus vecinos vuelven a reunirse.
El método
Rigor, oficio y un equipo de especialistas
Máximo rigor y máximo cuidado por el patrimonio. Esa es la única forma de abordar un edificio protegido, y condiciona todas las decisiones posteriores.
Rodearse de quien sabe
Trabajo bien asesorado, con arqueólogos especialistas, expertos en bellas artes y artesanos. En una intervención sobre patrimonio el arquitecto coordina, pero no puede saberlo todo: el criterio se construye entre varias disciplinas y la calidad del resultado depende tanto del oficio del artesano como del proyecto.
Técnicas tradicionales, acabados compatibles
Empleo métodos tradicionales, con acabados respetuosos con el medio ambiente y compatibles con la fábrica sobre la que se actúa. Y respeto, cuido y dejo vistos aquellos elementos que muestran el rastro del paso del tiempo, porque son parte de lo que hace valioso al edificio y no una imperfección que haya que borrar.
Sin confundir lo nuevo con lo antiguo
Lo rehabilitado y lo recuperado se distinguen siempre de lo original. Es el principio de distinguibilidad, y no es un formalismo académico: garantiza que dentro de cincuenta años cualquiera pueda leer qué es fábrica histórica y qué es intervención contemporánea, con el máximo respeto y la máxima recuperación de lo anterior.
El marco normativo
Patrimonio, subvención y Código Técnico
La intervención se mueve siempre dentro de las normas del patrimonio cultural valenciano, que fijan qué se puede hacer y con qué grado de libertad según el nivel de protección del bien. A eso se añade, en la práctica totalidad de los encargos municipales, un segundo marco que condiciona tanto o más: el de la subvención que financia la obra, con sus exigencias propias, sus plazos y sus justificaciones.
Sacar partido a un presupuesto limitado
Buena parte del trabajo consiste en obtener el máximo rendimiento de unos recursos económicos públicos que siempre son limitados. Decidir dónde se invierte y dónde se espera, qué es urgente por seguridad estructural y qué puede abordarse en una fase posterior, forma parte del proyecto tanto como el dibujo.
El pasado y el Código Técnico
El punto más delicado es compatibilizar el respeto máximo por el edificio con las normas actuales de edificación: el Código Técnico, las exigencias de calidad y diseño vigentes y la eficiencia energética. Se trata de conseguir la puesta en valor del bien sin restarle eficiencia, calidad ni diseño.
Esa es, para mí, la tarea más preciada del oficio: combinar las exigencias constructivas del pasado con la ciencia y la tecnología del presente.
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